Según la mitología griega, el perfume nació de la mano de Venus, diosa del amor, al salpicar una rosa con una gota de sangre, que así adquirió su bello color, y besarla a continuación su hijo Cupido, dotándola de agradable aroma. Con posterioridad, el perfume pudo desempeñar un papel determinante en el desencadenamiento de la guerra de Troya, ya que fue uno
de los obsequios que Paris hizo a la bella Helena.
El proceso de elaboración de los aceites perfumados era realizado por un colectivo de artesanos denominados myrepsós, que trataban cuidadosamente la hierba o especia original y la mezclaban con aceite de oliva, amén de condensar esencias por medio de un sistema de ebullición muy semejante al baño María.

 

Para conservar los perfumes se empleaban recipientes de
plomo, plata, oro o alabastro. Este último, el más indicado por su resistencia a la oxidación, resultaba muy caro, por
lo que a menudo se sustituía por imitaciones de vidrio.

Los «balsamados», unos vasos de terracota o vidrio, eran ideales para transportar bálsamos y perfumes a grandes distancias. Se han encontrado recipientes de ese tipo en
numerosos yacimientos dispersos por todo el Mediterráneo,
como Siria o las costas tarreñas. El mayor centro productor de bálsamos y perfumes lo constituía la polis de Corinto, donde había un barrio dedicado exclusivamente a la decoración de balsámanos.

 

 

 

* Pyxis de triple soporte de origen ático (340-330 a.C), empleada como depositario de ungüentos aromáticos.

Gentileza Larousse Historia del Perfume
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